miércoles, 20 de junio de 2012

El mito del mercado libre XIV


 Dicho de otro modo, Adam Smith percibió esperanzadoramente todo ese nuevo mundo de relaciones sociales entre personas y hogares socioeconómicamente independientes que, las “revoluciones industriosas” de las que hablaba Jan de Vries[1]  (1943), fueron desarrollando. Pero, debe dejarse afirmado, según nuestro autor, que Adam Smith hubiera sido un tenaz opositor y, de hecho adelantó varios argumentos al respecto, de lo que llegó a producir la revolución industrial, que diera lugar luego al capitalismo contemporáneo, en términos materiales y espirituales».
Quiero recordarle al lector, para seguir abonando la tesis de la continuidad entre Smith y Marx, a pesar de las críticas de este último, la cita del Manifiesto Comunista que he colocado más arriba, de la que ahora reproduzca sólo una parte:
«Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia. ¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano!»
Marx, en esa misma línea de pensamiento relaciona la libertad personal con la propiedad de los  instrumentos de trabajo que posibiliten la propiedad de los frutos de ese trabajo.
Entonces llega a una interpretación de la famosa “mano invisible” que contradice la versión “oficial” de los economistas: la mano invisible se establece políticamente. Los automatismos del mercado, de los que Smith habla favorablemente, los instituye el Estado, y se mantienen a lo largo del tiempo, y coadyuvan a civilizar el mundo, «si y sólo si el Estado se encarga de que todos seamos individuos socioeconómicamente independientes». En Smith, entonces, el mercado libre se construye “desde fuera”, desde la participación humana en él. «Como todo en este mundo, los mercados los construimos los humanos». La cuestión importante a dilucidar estriba en quiénes lo hacen y en beneficio de quiénes.
«A la inversa del republicanismo comercial de Adam Smith, la tradición liberal, que se recopila a lo largo del siglo XIX y que halla en el neoliberalismo un fiel continuador en nuestros días, ha jugado siempre con la idea de que los mercados son entidades de no se sabe qué procedencia cuya capacidad autorreguladora depende de mecanismos totalmente endógenos, por lo tanto extra-políticos. Así, lo que en Adam Smith venía “de fuera”, los mercados, libres o no, se constituyen desde fuera. En el liberalismo viene “de dentro”, los mercados funcionan libre y eficientemente si no se tocan, debe permitirse que se abandonen al curso de su mecánica interna. En este contexto intelectual y político, el proceso de apropiación de Adam Smith por parte de liberales  y neoliberales tuvo que pasar por falsear no la creencia en la posibilidad de un mercado libre, esto Adam Smith lo comparte, sino la cuestión relativa a la factura política de ese funcionamiento libre de los mercados. Para los liberales, la libertad está ya en el mercado, con lo que no es preciso intervención estatal alguna orientada a fundar políticamente tal libertad».
Por el contrario, Adam Smith afirma, sostiene nuestro autor, que los mercados son instituciones que pueden ser libres. Y afirma también los grandes beneficios en términos civilizatorios que pueden derivarse del buen funcionamiento de mercados efectivamente libres, pero insiste siempre en que este funcionamiento efectivamente libre de los mercados —la emergencia de una “sociedad de libertad perfecta”, para decirlo con sus palabras— es algo que «sólo es posible cuando la república se encarga de extirpar relaciones de poder, vínculos de dependencia material, privilegios de clase o, lo que es lo mismo, cuando la república  se encarga de evitar aquellas situaciones de desposesión que están en la base de tales relaciones de dominación».
En definitiva, la intervención estatal más radical, en el sentido de que vaya a la verdadera raíz del problema es la que protege los vínculos e impide la aparición de formas sociales descentralizadas que obstaculicen toda interdependencia verdaderamente autónoma. La intervención estatal más radical es condición necesaria, pues, para la emergencia y sostenimiento a lo largo del tiempo de mercados efectivamente libres. Pues bien, esto es lo que el grueso de la interpretación liberal y neoliberal ha dejado a un costado cuando se ha apropiado de la figura de Adam Smith.



[1] Profesor de Historia y de Economía en la Universidad de Berkeley. Su trabajo pionero sobre el desarrollo económico de Europa ha valido su prestigio como investigador. Su libro, The First Modern Economy. Success, Failure and Perseverance of the Dutch Economy from 1500 to 1815 ha sido califi8cadeocomo el mejor libro de historia económica. Es por otra parte redactor del Periódico of Economic History.

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